lunes, 11 de junio de 2018

Ley Glass Steagall, un arma en favor de la soberanía económica nacional.



                                                                         



Desde hace más de dos siglos el dominio que las fianzas internacionales detentan sobre la economía y la política internacional es tal que los poderes privados dominados por la banca han acabado de hecho con la soberanía de los Estados-nación.
Es por ello que uno de los aspectos fundamentales que hemos de poner en marcha para combatir el poder omnímodo que poco a poco ha ido adquiriendo una usurocracia que juega con el capital, los préstamos y la deuda para a partir de ello comprar la voluntad de autoridades y partidos, esclavizar al pueblo y a través de ello dirigir la economía y la política de un mundo que de ese modo está sometido a los mandatos del “pueblo elegido”.

                                                                  


Los pilares fundamentales básicos de todo esto es el dinero deuda y un entramado basado en la especulación, una especulación que se asienta en que los depósitos que los sujetos hacen al ingresar dinero en los bancos, unos depósitos que son después utilizados por las entidades para especular en la bolsa o invertir en negocios, industria, inmobiliarias, etc.

Hemos de tener esto muy en cuenta si lo que pretendemos es acabar con el sistema financiero internacional para de este modo recuperar la soberanía de las naciones.
 El ataque al sistema ha de basarse en acabar con los beneficios que consigue la banca al especular con el fruto del trabajo que es el que da lugar a los depósitos particulares con los que posteriormente se especula y obtiene ganancias a la par que pone en peligro el dinero depositado.
En este punto lo que hemos de hacer es desligar lo que es la banca de depósito de la banca de inversión o directamente prohibir la segunda.

La diferenciación total de la banca de depósito y de la de inversión no es algo novedoso puesto que una ley que lo hacía entró en vigor en los Estados Unidos en los años treinta a través de una ley, la cual se aprobó en los años treinta y estuvo vigente hasta los últimos años de los noventa en que fue derogada debido a que se estaban  viendo dañados los intereses de la banca de inversión que se encontraba sub-capitalizada, perjuicio que redundaba en beneficio de la banca de depósito y de la economía   real.
Para contrarrestar la merma que la ley provocaba en sus beneficios lograron que se aprobaron medidas que limitaron la ley, debilitándola y haciendo que la ciudad de Londres fuese la primera plaza financiera durante bastante tiempo.
Durante los años ochenta el Banca Central trató de derogar la ley, pero no lo conseguiría hasta 1990 en que bajo el mandato de Clinton fue capaz de “convencer” al Senado, gracias a la poderosa presión del lobby de las altas finanzas que pretendía una fusión gigante entre City y Travellers siendo esta ley, la Glass-Steagall que es su nombre, sustituida por la Ley Gramm-Leach-Biley, cuya entrada en vigor permitió la constitución de Citigroup, así como que los bancos comerciales pudieran asumir mayores riesgos (realmente riesgo para los ahorradores) a la par que se apalancasen, creando una situación que ponía en peligro la economía de la nacional  y no tanto a la propia liquidez de los mismos bancos, los cuales serían así mismo rescatados por los estados en caso de quiebra.

Con la puesta en marcha de esta ley se puede mermar el poder de las finanzas meramente especulativas en favor de la economía real a la par que se daña el poder financiero y se comienza a recuperar la soberanía económica nacional.

La Ley Glass-Steagall, que sirvió para afrontar la gran depresión consecuencia del crack del 29,

                                                         

 se puede definir en función de los siguientes puntos:
En primer lugar, una separación absoluta entre la banca de depósito y la banca de inversión, lo segundo que impondría sería la creación de una serie de bancos nacionales y estatales, con la presencia de una ley anti-monopolio que impidiese cualquier competencia desleal entre ellos. Y en último lugar vetar toda participación de los bancos en los consejos de administración de empresas de tipo industrial, comercial o de servicios.


                                                             


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