sábado, 14 de julio de 2018

La acción de las femiestalinistas y la inacción del hombre.


                                                                             


¿Hasta cuándo vamos a continuar permitiendo pasivamente que esta sociedad que se presenta como defensora a ultranza de la igualdad entre los seres humanos y que se llena la boca hablando de los derechos de las minorías someta a la mitad de la población a la mayor de las discriminaciones y al mayor de los ultrajes?, una ofensa que es llevada a cabo contra el hombre por el mero hecho de pertenecer al sexo masculino, discriminación que tratan de justificar señalando que el hombre es supuestamente responsable de un heteropatriarcado que durante siglos habría subyugado a la mujer.

                                                                


 ¿hasta cuándo mantendremos un silencio cómplice frente al desarrollo que poco a poco se implementa merced a una estrategia social que presenta a los hombres como maltratadores y violadores en potencia y que legisla en función de esa concepción?
  Esta sociedad, supuestamente defensora de la igualdad ante la ley, ha caído en la negación de los principios legales básicos que sirven para proteger al ser humano.
Por un lado, se ha roto con la igualdad del valor de los testimonios en función del sexo que el denunciante y el denunciado tengan y por otro se ha invertido la carga de la prueba, siendo el hombre denunciado en temas relacionados con violencia de género el que ha de demostrar su inocencia y no la denunciante la que debe aportar pruebas sobre la supuesta culpabilidad del acusado de la supuesta agresión.

                                                               

Pero con ser esto grave la cosa poco a poco ha ido a más, puesto que la ideología de género en la que todo esto se sustenta ha pasado a formar parte fundamental de ese pensamiento único de lo políticamente correcto, lo cual a su vez ha movilizado a la población y con ello ha empujado a las autoridades del poder legislativo y judicial.
 Se trata de implantar social y legalmente cuestiones antinaturales que vistas con ojos imparciales resultan poco menos que grotescas.

El hombre, que ya hemos señalado que es presentado como un violador y maltratador en potencia, es considerado en toda relación sexual como un agresor que ha de demostrar, ante la sola denuncia de la mujer, que la relación ha sido plenamente consentida. Llegándose al punto de que para que esta sea considerada una agresión sexual (violación) no sólo es necesario que la mujer haya manifestado su oposición a la realización de esta), siquiera verbalmente, ahora se exige que esa relación previamente haya sido afirmativamente aceptada y que ese "si" pueda ser expresamente corroborado.

                                                            

Ahora bien, dado que el testimonio de la mujer tiene un valor absoluto respecto al que pueda manifestar el hombre, el testimonio femenino llevará a que toda relación pueda ser considerada como agresión sexual llevada a cabo por parte del hombre. Incluso en casos en los que exista un consentimiento explícito por parte de la mujer esta siempre podrá afirmar que tal consentimiento escrito ha sido fruto de la presión, del engaño o de estar sometida a los influjos del alcohol o de las drogas.

Este tomar la palabra de la mujer como una realidad incuestionable ha llevado a considerar la interpretación de la realidad y de los hechos como algo superior incluso a los hechos mismos o a las circunstancias en los que ellos se desarrollan.
Es esta concepción que sitúa el sentimiento y la sensación subjetiva femenina como punto objetivo a través del cual juzgar los hechos  ha llevado a que aspectos tales como los denominados micromachismos o cuestiones como el decir piropos se terminenplasmando en la legislación para ser sancionados siempre que la mujer los considere como ofensivos, aunque de hecho resulten absolutamente intranscendentes y respetuosos. Lo que prima es el grado de fanatismo e ideologización feminista radical de aquella que perciba el hecho y no la intención o la realidad del hecho que es denunciado.

                                                          

Es por todo lo señalado que surge mi cuestionamiento  respecto a la ausencia de reacción por parte de los hombres agraviados, ya que no es admisible que aquellos que se han convertido en ciudadanos de segunda al ser considerado  su testimonio vacío de valor legal cuando este se confronta al de una mujer ante la denuncia de una mujer en todo lo relacionado con la agresión sexual o la violencia de género.
 No es aceptable esta inacción cuando se invierte la carga de la prueba o cuando sus posibilidades laborales se ven seriamente reducidas, cuando no anuladas, debido a las cada vez más generalizadas cuotas u otras formas de “discriminación positiva”.

Todo esto es sólo comprensible desde el momento en que el individuo está tan sometido al pensamiento políticamente correcto y a la ideología de género que ha sido sometido a una suerte de sentimiento de culpa que le hace considerarse merecedor de todas las afrentas de que es objeto a la par que le lleva a temer la minusvaloración social caso de manifestar su oposición a ese estado de cosas.

Hemos de tomar en consideración la injusticia que se produce contra el hombre, y como todo esto de la ideología de género, la crítica a lo masculino y la ruptura de la complementariedad de los sexos para sustituirla por la desconfianza y la lucha de sexos no es otra cosa que una ingeniería social puesta en marcha por aquellos que desde la oscuridad  globalista pretenden terminar con la relación natural humana, con la familia tradicional y de este modo subvertir la sociedad humana y levantar un orden social movido exclusivamente por principios dirigidos por la élite globalista  que de esta manera pretende controlar todos los aspectos de la realidad humana.

                                                               




Para acabar quisiera mover a que todos introdujésemos estos temas en las conversaciones con nuestros amigos y dirigiéramos cartas a los periódicos de nuestras localidades para mostrar nuestro malestar y dar a conocer la realidad de lo que acontece, y sobre todo para liberar y liberarnos de ese pensamiento feminista radical antimasculino que tanto está calando en la mentalidad actual.

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