sábado, 7 de enero de 2017

En la identidad está la fuerza de Europa.



                                                                                   
                                                                                 


Ahora que asistimos a un resurgimiento de movimientos patrióticos nacionales e identitarios en la inmensa mayoría de los países europeos no podemos permitir   que estos mismos movimientos vayan a servir, de manera involuntaria, a nuestros enemigos.
 Para evitar tal cosa hemos de tener perfectamente claro cuál es el enemigo fundamental al que nuestra civilización y nuestras sociedades se enfrentan, de otro modo podríamos estar haciendo el juego a esos que pretenden acabar con nuestra civilización, nuestra identidad y nuestras naciones.
En este momento histórico el enemigo fundamental al que tenemos que hacer frente no es otro que la globalización, una globalización dirigida por el sionismo internacional y sostenida en una visión materialista liberal. Si perdemos esto de vista y nos enfrascamos en combates dirigidos a cuestiones distintas estaremos perdiendo el tiempo y favoreciendo al enemigo.
El globalismo sionista y liberal se ha marcado como objetivo la implantación de un gobierno mundial homogéneo, para lo que precisa acabar con todo atisbo de identidad social, política, religiosa o racial.
 El primer paso para alcanzar este fin, paso que prácticamente han logrado ya, es hacer que las sociedades y los individuos que las componen estén dirigidos por una mentalidad liberal que niega la existencia misma de la Verdad, que no acepta nada que esté más allá de lo meramente material y que por tanto ha de considerar cualquier actitud, acción o creencia dotadas de un valor similar y que por tanto debe ser aceptado.
Todo esto que hemos señalado y que pudiera parecer algo meramente metafísico o relacionado exclusivamente con lo religioso  en absoluto se reduce a ambos campos, nada de todo lo que defendemos como es Dios, la patria y su unidad, el honor y la identidad de lo nuestro, tienen cabida en mentes y corazones ocupados por el liberalismo materialista ya que son cuestiones que van más allá de lo meramente físico o material.
Algo que considero también fundamental a la hora afrontar con posibilidades de éxito esta titánica lucha que enfrentamos, es considerar que defendemos la civilización cristiana europea, una civilización dotada de una cosmovisión marcada por una visión religiosa que se ha plasmado en identidades nacionales singulares que políticamente se han concretado en deferentes estados.
Con todo lo hasta ahora expuesto pretendo dejar claro que para que nuestra lucha tenga posibilidades de éxito es fundamental que los distintos movimientos nacionales no vean sus identidades como elementos distanciadores sino como la riqueza de una civilización con una identidad superior propia que es la europea.
Sólo defendiendo una Europa basada en una moral cristiana, en una filosofía griega y en un derecho romano podremos impedir que la globalización homogeneizadora acabe con nuestros estados-nación, nuestras identidades y nuestra cosmovisión occidental.

                                                            




No podemos permitir que ante un enemigo común que pone en serio peligro de desaparición a la verdadera Europa, no la Europa de los mercaderes que es la Unión Europea, convirtamos las diferencias enriquecedoras que son nuestras identidades nacionales en elementos de dispersión e incluso de enfrentamiento bélico, eso solamente servirá para que Europa se convierta nuevamente en esclava del sionismo yanqui.

                                                             


Sólo desde el planteamiento derivado del conocimiento de una identidad y un enemigo común podremos levantarnos juntos y luchar en la dirección adecuada.

Organizaciones como la A.P.F. (Asociación por la Paz y la Libertad) van en ese camino de unificar los planteamientos nacionales  a la par que europeos para desde planteamientos identitarios  nacionales incluidos en una  identidad mayor que es el de la de una Europa basada en sus orígenes presentar batalla al enemigo globalizador y sionista.

                                                         


Y es que sólo reconociendo el mal del liberalismo materialista y el origen cristiano de nuestra civilización podremos lograr algo.

                                                            

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