martes, 19 de enero de 2016

La falacia del "igual podría haber sido un occidental..."


                                                                             
                 

Siempre que nos refiramos a algún suceso criminal, a incidentes callejeros, o como en  estas últimas semanas es de triste actualidad a agresiones sexuales o violaciones, y señalamos que los hechos han sido protagonizados por inmigrantes musulmanes o subsaharianos, inmediatamente surgirá alguna voz que repetirá la falaz argumentación creada por el pensamiento políticamente correcto y que es aceptada por la sociedad de borregos con cerebro de esponja.
                                                                 

¿A que me estoy refiriendo?, me refiero a esa especie de mantra, que no por repetido  se convierte en realidad. Se trata de un sofisma que se sustenta sobre esa idea que se nos ha inculcado de que todos somos iguales y que por tanto los delitos, crímenes o altercados serán cometidos sin que en ello influya el hecho de  haber sido llevados a cabo indistintamente y en similar proporcíón por sujetos de una raza, cultura o procedencia concreta.
Cuando señalamos la inseguridad o nos referimos a algún delito y lo ponemos en relación con la inmigración ilegal, musulmana o subsahariana, enseguida los buenistas del multiculturalismo recurren a los mismos argumentos: “hay gente buena y gente mala en todas las culturas”, “los españoles también cometen esos delitos y nadie dice nada sobre que el delito se deba a su religión, raza o  cultura”, y otras afirmaciones por el estilo, tan falsas como efectivas en las mentes acríticas sometidas al pensamiento único  y que devoran los noticiarios y los coloquios de la tel-aviv-sión.
                                                       

Estos supuestos argumentos que como loros repiten  los multiculturalistas suicidas no se mantienen si los analizamos con un pensamiento mínimamente crítico.

En el fondo todo se reduce a un ejercicio estadístico.
No se puede recurrir exclusivamente a verificar  si cierto tipo de delitos son llevados a cabo también por los occidentales, o a contabilizar y comprobar si el número de los delitos, agresiones o disturbios de los originarios de nuestro país es similar, pues una comparación de este tipo no nos aporta información verídica alguna.
 Sería una falsedad ya que no se toma en consideración el número de musulmanes o subsaharianos en comparación con el total de la población nativa.
Por ejemplo, nos encontramos con que las agresiones sexuales y violaciones que  se vienen dando en Suecia desde hace un par de años es de mil  quinientos, este dato aislado de un estudio sobre la proporción, un estudio que ponga en relación la población musulmana-subsahariana con la población total  del pais no dice nada aunque  estos actos hubiesen sido realizados exclusivamente por musulmanes y subsaharianos. Y no dice nada puesto que no es lo mismo que la cantidad de este tipo de población sea el 10% del total de la población que si es del 80%. Si  el 90% de las agresiones sexuales son cometidas por   musulmanes o subsaharianos que son el 10% del total de la población se puede afirmar que la población musulmana y subsahariana es la que en función de su raza, religión y/o cultura tiene una tendencia a la agresión sexual a la mujer.
                                                         
 En el caso de que las agresiones fuesen en un 20%  cometidas por ese tipo de sujetos y su proporción en la población general fuese del 90  se podría afirmar lo contrario.
 Pero desgraciadamente nos encontramos con que ocurre lo primero. Un caso muy claro lo vemos en el aumento de agresiones sexuales y/o delitos que se están dando en Europa, especialmente en el centro y el norte, puesto que la población de musulmanes y subsaharianos se acerca al 25% del total, aunque la proporción de delitos del total cometidos y que han sido  estos  sus responsables se acerca al 80.
Para lograr una explicación de lo que ocurre es preciso tomar en consideración cuestiones tales como la denigración de la mujer, el castigo corporal y la absoluta sumisión sexual al hombre que el islamismo toma de las enseñanzas del Corán.

                                                             
   


 La población subsahariana masculina tiene una muy superior  cantidad de testosterona que la población masculina blanca, y además no tiene capacidad de aplazar la consecución de un objetivo. Con lo que  tanto en un caso como en el otro la integridad sexual de la mujer se verá en peligro siempre que no coincidan sus apetencias sexuales en un momento con las apetencias de un hombre musulmán o subsahariano .
                                                               

                                                                

 Pero Si nos encontramos con un individuo en el que se den la suma de raza negra y religión musulmana estaríamos  ante un verdadero peligro, aunque no lo quieran reconocer los bienpensantes buenístas de la multiculturalidad y de la mezcla racial.
                                                             



                                                            

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