viernes, 7 de junio de 2019

MUTILACIÓN GENITAL MASCULINA, LA CIRCUNCISIÓN.



                                                                               

Una gran parte de la población mundial es consciente del execrable crimen que padece una porción nada desdeñable de la población femenina, un crimen que se da especialmente en los países africanos y en los occidentales de religión judía.
Como casi todos los lectores habrán supuesto estoy haciendo referencia a la ablación del clítoris de que son objeto millones de mujeres cuando son aún niñas.
La cada vez mayor información que recibe la población sobre la mutilación genital femenina es algo sumamente positivo pues de esta manera se puede tomar conciencia de esa realidad y por tanto rechazar tan abominable hecho, lo que puede facilitar que deje de ser llevado a cabo.
Ahora bien, frente a la información y consiguiente condena que se da respecto a la mutilación genital femenina por otro lado nos encontramos con que se extiende un silencio absoluto respecto a la mutilación genital masculina. Un hecho que para la práctica totalidad de la población ni siquiera existe, y esto es así dado que los medios de información-manipulación que debían señalarlo están casi en su totalidad en manos o son económicamente dependientes de esos mismos que defienden y llevan a cabo la mutilación masculina a la que nos estamos refiriendo.

La práctica totalidad de los lectores habrán podido deducir que me estoy refiriendo al ritual judío de la circuncisión, pacto de la circuncisión o Berit según lo designan los judíos, conocido más concretamente entre ellos como la mitzvá de Brith Milá.

El hecho de establecer esta identificación entre la ablación del clítoris y la circuncisión hará que muchos protesten manteniendo que no es lo mismo y que en el caso de la circuncisión no pasa de ser una mera costumbre religiosa propia del “Pueblo Elegido”, algo que forma parte de su identidad y que no provoca complicaciones patológicas o emocionales como si ocurre en el caso de la ablación del clítoris.
 A la primera parte de esta argumentación habría que responder señalando que la tan criticada, y con razón, mutilación femenina que se aplica en ciertas “culturas” tienen también una fundamentación religiosa y de identidad grupal. Pero ello no es razón para dejar de señalar que se trata de un hecho criminal deplorable.
De la misma manera es necesario señalar que con la realización del ritual del pacto de la circuncisión se llevan a cabo una serie de acciones que se pueden calificar de primitivas, sangrientas y como mínimo de dudosa moralidad.

Para mantener una u otra posición con respecto al tema de la circuncisión creo necesario en primer lugar liberarse del prejuicio creado por el victimismo judío que ha dado lugar a una suerte de justificación de toda cuestión que lleven a cabo los judíos. Es preciso deshacerse de esa cortina que es la patente de corso de la que estos parecen disponer, pues de otro modo nuestro juicio estaría sometido a un complejo de culpa que nos llevaría a una aceptación de la cuestión sin haber tenido en cuenta siquiera el hecho que se va a considerar.

El segundo aspecto que hemos de tomar en consideración para poder juzgar u opinar sobre el hecho es conocer tanto la base religioso-mitológica sobre la que se sostiene este hecho ritual como la realidad física en que consiste la circuncisión a la que nos estamos refiriendo. 
Dentro de este segundo punto incluiremos también las consecuencias que puede tener en otros aspectos menos cuantificables, aspectos psicológicos y emocionales.

Es así comenzaremos presentando el basamento religioso de una comunidad humana que se considera superior al resto de la humanidad y que en la realización del rito de la circuncisión viene a demostrar que el individuo forma parte de ese grupo supuestamente superior.
En la Torá, el Pentateuco del Antiguo Testamento, aparece escrito lo siguiente: “Este es Mi mandamiento que observarás entre Mi y tú y tus hijos después de ti, de circuncidar a todos los varones. Circuncidarás la carne de tu prepucio, y será “la señal del pacto” entre Dios y el pueblo judío.
En el Génesis 17-4se refiere al pacto establecido entre Yahvé y Abraham en el que este sería hecho padre de muchedumbre de gentes.
La Torá menciona hasta en 13 ocasiones la palabra Brit que significa pacto pero que se ha convertido en sinónimo de circuncisión. Los judíos consideran, según indican sus más grandes sabios este acto meramente superficial es el más grande de todos los mandamientos, y es considerado por los judíos tan profundo y fundamental que la circuncisión ha de ser practicada lo más temprano posible en la vida del judío. La Torá señala que ha de ser realizado el octavo día después del nacimiento. Según el planteamiento judío es merced a la circuncisión del niño que el alma divina comienza a entrar en su cuerpo.

                                                                   

Por mucho que los judíos vean en la circuncisión, en la ceremonia de la Brit Milah, un sello de identidad diferenciador es preciso poner de manifiesto que no es así dado que la circuncisión como ceremonia o costumbre tribal es frecuente en lugares como: África, Australia, islas del Océano Pacífico, archipiélago malayo y Nueva Guinea. Hay que añadir que distintos grupos africanos de Nigeria, líneas familiares de Sudan, Zaire, Uganda o del sur de África. Aunque para la mayoría de estos grupos la circuncisión carece de significación religiosa y lo es más cultural.
Y por mucho que pueda resultar chocante para los judíos, los musulmanes practicaban la circuncisión incluso con anterioridad a la llegada del profeta Mahoma. El Coran no obliga a la circuncisión, aunque es costumbre normalizada que los hombres sean circuncidados antes de casarse, aunque la suelen realizar con frecuencia en la infancia o al entrar en la adolescencia.

La circuncisión ritual ha de realizarse en la casa familiar a primera hora de la mañana y será llevada a cabo por un Mohel, ha de ser un judío temeroso de Dios, observante de la Torá y conocedor de las leyes judías y médicas correspondientes a la ceremonia del Brit Miláh.
Según indica el Gn. 17, 3: “Deben ser circuncidados en tu casa y el comprado con tu dinero”.

Ahora pasamos a describir cual es la verdadera mutilación que se lleva a cabo en este primitivo y cruel ritual que es aplicado en el cuerpo del niño dejando marca en él para toda la vida.
La circuncisión consiste en cortar circularmente una porción del prepucio del pene humano dejando que el glande quede enteramente al descubierto.

                                                                   

 Esta intervención, ritual en el caso que nos ocupa, puede dar lugar a toda una serie de complicaciones derivadas de parte de la parte del tejido humano, pudiéndose llegar a perder alrededor del 80%de la piel del pene. Con la circuncisión el pene podría llegar a ser un 25% más corto y además se cortan alrededor de 20.000 terminaciones nerviosas, lo que podría dar lugar a problemas funcionales durante la erección. Además, ocurre que en algunos casos la piel queda tan tensa que se supera su límite elástico pudiendo haber dolor durante la erección.
Nos encontramos con que también se suele producir en aquel que ha sido circuncidado una pérdida de sensibilidad a la ya señalada pérdida de receptores nerviosos.
No hay que perder de vista que por naturaleza el glande es un órgano interno que tras la circuncisión se hace externo de manera permanente, con lo que queda expuesto a la abrasión y a la irritación y volviéndose seco.
Una creencia falsa que parece aceptada de manera   generalizada es que la circuncisión hace al pene más limpio y fácil de cuidar, esto es falso dado que al convertirse el glande en un órgano externo y dejar de estar protegido por el prepucio hace que esté más expuesto a las abrasiones y a la suciedad, así como dejando al   tracto urinario vulnerable a la invasión de virus y bacterias.  En el caso de los bebés, como es el caso que nos ocupa en que los niños son sometidos a la circuncisión al octavo día de    vida, de modo que el glande y el meato urinario quedan en contacto directo con sustancias nocivas como son la orina o restos fecales depositados en los pañales, así como a sustancias químicas de la ropa o de los pañales.
Como se puede ver la circuncisión como una intervención anecdótica que no tiene incidencia en la salud del que la sufre.
Pero el tema de la circuncisión ritual judía presenta más aristas que han de ser tomadas en consideración:

Uno es el hecho de que sea personal no médico, el Mohel que hemos señalado, quién realice el corte del prepucio, que esta operación se realice en ambiente no aséptico o convenientemente controlado quirúrgicamente como es el hogar del que lo va a padecer, y sobre todo el hecho de que, durante el ritual de la circuncisión, Brit Milah, el Mohel que lo realiza succiona el pene al   bebé. Hay que tener en cuenta que el hecho de que un adulto chupe el pene a un bebé lleva aparejada cárcel de modo inmediato. Las leyes de tradición oral que recoge el Talmud detallan este ritual señalando que se ha de cortar el prepucio, recortar la membrana interna y absorber la sangre. Tanto por la moral como por la legislación, no han sido pocos los países que   han tratado de prohibir la salvaje y cercana a la pederastia costumbre de chupar el pene del bebé para extraer la sangre producida durante la circuncisión.

                                                                   

Ni siquiera cuando en Nueva York se infectaron dos bebés con herpes tras la succión del pene en una ceremonia ultrortodoxa, el metzitzah b´peh, se prohibió esta práctica.
                                                                  


 Tanto en Estados Unidos, Argentina y Alemania está práctica fue puesta en cuestión y denunciada, pero finalmente cambios legislativos o sentencias judiciales permitieron que tal aberración siguiese realizándose, esto demuestra quién domina realmente las sociedades.

                                                                  

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