lunes, 3 de noviembre de 2014

¡PUEBLO ELEGIDO?



                                                                                 

Con la  información que se va a aportar en la presenta entrada se pretende que quede bien claro a los judíos sionistas, a la población en general y a los cristianos judaizantes( que tanto hablan de que son nuestros hermanos mayores en la fe o justifican la formación del Estado de Israel y la consiguiente ocupación de Palestina), que la condición de pueblo elegido no es aplicable ya al pueblo judío, pues hace miles de años que dejaron de ostentar tal privilegio divino.

Los sionistas se sirven de esa supuesta condición de pueblo elegido y de un victimismo lacrimógeno para de este modo justificar todas y cada una de las arbitrariedades, acciones terroristas, asesinatos y genocidios que a lo largo y ancho del planeta y de la historia han realizado y continúan realizando para someter al resto de la humanidad a condición de esclavos a su servicio.

Los judíos en general y los sionistas en particular tienen como libro sagrado principal  el Talmud, el cual siguen de manera fanática, y lo hacen en tanto es el origen y justificación de una supuesta superioridad de la raza judía a la que el resto de la humanidad ha de plegarse, pues según el Talmud los goyim, todos aquellos que no pertenecemos al pueblo de Israel, somos meros
animales que existimos para servir a los miembros del “pueblo elegido”.

                                                                    

Pero he ahí  que ese Talmud, que dirige sus pasos y que a su vez justifica la cosmovisión  que les coloca como dueños y señores de la humanidad, no pasa de ser una interesada manipulación de la palabra de Dios, sobre la que supuestamente se sostiene el supremacismo que mueve al pueblo judío y muy en particular a lo sionistas.

El Talmud, referido normalmente al Talmud de Babilonia, contiene las enseñanzas y opiniones de miles de rabinos, siendo la base de los códigos de la ley judía.

Pero el Talmud, es decir esas opiniones y enseñanzas, deriva de su otro libro, la Tora, que es la base sobre la que se sustenta el primero ya que los códigos de la ley judía y las opiniones de los rabinos tienen su base en la Torá, que sí sería Palabra de Dios.

                                                             

La Torá la compone el Pentateuco, cinco libros del Antiguo Testamento que los judíos denominan también los cinco libros de Moisés.
Estos cinco libros, son los siguientes:

-El Génesis.

-El Éxodo.

-El Levítico.

-Los Números.

-El Deuteronomio.


No se puede discutir que en el Antiguo Testamento  Dios señala al pueblo judío como pueblo elegido.
“Como elegido por Dios, Israel ha sido llamado a ser un pueblo santo” (Dt 7,6; 14,2).
“tu eres mi pueblo” ( Os 2,25).
“El pastoreará a mi pueblo Israel (Mt 2,6  Mi 5,3).
Israel es llamado por Dios “Mi hijo predilecto” (Ex 4,22,Ji 31,9).
También es denominado “la primicia de su cosecha” (Jr 2,3).

. Siendo  en esa elección en lo que se basan los judíos y sionistas para considerarse por encima y al frente del resto de los pueblos de la humanidad, considerando a todos los goyim, los no judíos, como seres similares a bestias, que merecemos la muerte y hemos de estar a su servicio.

“Incluso el mejor de los (gentiles) merece la muerte”  Talmud de Babilonia.
“Solamente los judíos son humanos. (Los gentiles) son animales” (Baba Mezia 114 a- 114 b).

                                                           
“(Los gentiles) están fuera de la protección de la Ley, y Dios ha puesto su dinero a disposición de Israel”. (Baba Kamma 37 b).

Ahora bien, lo que también resulta absolutamente incontestable es la presencia en los textos del Antiguo Testamento, de aspecto que voluntariamente ignoran. Son textos  meridianamente claros en los cuales Dios dice que el pueblo judío  ha dejado de ser el pueblo elegido que  durante un tiempo fue. Y esta decisión divina fue consecuencia del desprecio que los judíos tuvieron respecto a las instrucciones y mandatos que recibieron de Dios.
Y es que esa predilección, esa elección, llevaba aparejada una exigencia, el cumplimiento de unas obligaciones con respecto a la voluntad divina. Y cuando el pueblo elegido se apartó de estas, la Alianza de Dios con el pueblo judío fue rota.

                                                                

“Sabrás, por lo tanto, que sólo el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel que mantiene su Alianza e inmutable amor a los que Le aman y cumplen Sus mandamientos, hasta mil generaciones y se venga de los que le odian destruyéndoles, nunca tratéis con  los que Me rechazan, sino abandonadlos al instante. Por consiguiente, observar fielmente las instrucciones, las leyes y las reglas que os impongo hoy.  (Deuteronomio 7: 6-12).

Debido a la adoración del  becerro de oro, que no era otra cosa que la figura del demonio Moloc, y al alejamiento de la voluntad de Dios y de sus planes, Israel  pierde la Alianza que Dios había establecido con su pueblo y deja de ser el pueblo elegido.

“Así pues, os digo, el reino de Dios os será arrebatado y dado a una nación que produzca sus frutos…
Y cuando los sacerdotes y fariseos oyeron estas parábolas se percataron  de que hablaba de ellos. (Mateo 21:43-45).

Dios a través del profeta Oseas dice: “Los que no eran mi pueblo Yo los llamare “Mi pueblo”.
“Y en el lugar en el que se les dijo: no sois mi pueblo, serán llamados hijos del Dios vivo…”

“¿Entonces qué? Israel fracasó en obtener lo que buscaba. Los elegidos lo obtuvieron, pero el resto se endureció”. (Romanos9:1-3, 6-8, 24-26 y Romanos 11: 7-8).

Para que quede totalmente claro el hecho de que la Alianza con el pueblo judío dejó de existir nos  repetiremos el texto de Hebreos 8:9:
“No conforme a la Alianza que yo hice con sus padres, en el día en que los tomé de mi mano fuera de la tierra de Egipto; porque ellos no continuaron en mi Alianza, y Yo no les tomé en consideración”.

La actitud del pueblo de Israel se pervirtió hasta el punto de que el mismo Jesucristo, Dios hecho hombre, los denomina hijos del diablo.


                                                          
“Vosotros sois hijos del Diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre”. (Juan 8-44).
“Quién es de Dios escucha las Palabras de Dios. Por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios” (Juan 47).

Todo esto se lo dice Jesús a un grupo de judíos que le dicen ser hijos de Abrahán que siguen a Dios.

Pero los judíos actuales y los sionistas hacen oídos sordos a estas citas, entresacan del Antiguo Testamento lo que les conviene obviando  la ruptura de la Antigua Alianza y con ello  que Israel dejó de ser el “pueblo elegido”.

En lugar de ello se empecinan en negar la divinidad de Jesús, llegando a llamarlo mago bastardo hijo de una ramera, incluso en la Torá  dicen que fue resucitado de entre los muertos por un mago judío para matarlo de nuevo sumergiéndolo en semen hirviendo.

“Balaam (término que utilizan para referirse a Jesús) es extraído  de entre los muertos y sumergido en semen hirviendo. Los que se burlan de las palabras de los sabios judíos y pecan contra Israel son sumergidos en excrementos hirviendo”. ( 57 a Gittin).


Creo que nadie que tenga conocimiento de todos estos textos puede considerar a los judíos nuestros hermanos mayores en la fe, ni justificar la ocupación y el consiguiente genocidio palestino, puesto que los judíos no son el “pueblo elegido” ni Palestina tierra que les pertenezca.

                                                                  



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