lunes, 28 de noviembre de 2016

Los cascos blancos, un gran fraude.


                                                    



El conflicto bélico que asola Siria está poniendo claramente de manifiesto, para todo aquél que no se niegue a ver la realidad  y no tenga el sentido crítico anulado por la visión manipulada de lo políticamente correcto, que la realidad de las cosas se aparta muy mucho de eso que nos llega a través de los medios de comunicación, especialmente cuando lo que nos llega son imágenes impactantes que aparecen de manera coincidente en un mismo momento temporal y  son repetidas de modo sincrónico en todos los medios de comunicación internacional.
Cualquier mente con un mínimo de sentido crítico ha de preguntarse el porqué de que unas imágenes aparezcan en un momento puntual mientras que otras mucho más graves o importantes no lo hagan o cual es la razón por la cual en algunas fotografías se oculte o pixele la cara de un menor, y en cambio en otras se haga lo contrario, se enfatice el rostro de este.
No es preciso realizar un esfuerzo excesivo para deducir que tras la presentación sincronizadas de algunas imágenes y la generalización de ellas en los medios de comunicación internacionales se producen eventos que están relacionados con ellas en el sentido de que no son otra cosa que parte fundamental de campañas dirigidas a preparar o empujar a la opinión pública para de esta manera lograr ciertos objetivos.
Como ejemplo podemos citar la campaña mediática que se realizó en torno a la fotografía del niño sirio, Aylán, que apareció ahogado en las playas turcas. En aquel caso se trató de una manera de alimentar la sensiblería y mover el buenismo de los occidentales en general y europeos en particular, ante la   inminente invasión de “refugiados sirios” que en su mayor parte ni eran refugiados ni eran sirios.
                                                       


 O podemos referirnos también a la imagen del niño “recién” rescatado que era introducido en una ambulancia, habiendo sido salvado por los cascos blancos tras un bombardeo de la aviación, supuestamente siria y rusa.



 Curiosamente en esos momentos y gracias fundamentalmente a la colaboración rusa las fuerzas de los terroristas de Daesh y de la oposición “moderada”, léase Al-Nusra, estaban siendo derrotadas y en todo el frente se retiraban. Tras haber tocado el corazón de la opinión pública internacional con la fotografía se buscó que las aviaciones rusas, siria y la iraquí no entrase en combate sobre Alepo, a la par de ello Estados Unidos propuso que se abriese un corredor por donde pudiesen escapar los terroristas y de este modo evitar el sufrimiento de la población civil.


Para movilizar los sentimientos buenistas y manipular las emociones, poniéndolos al servicio de la guerra psicológica a la guerra psicológica, se creó esa supuesta organización humanitaria sin ánimo de lucro denominada cascos blancos (también conocida como Defensa Civil Siria) y es ese grupo al que se va a referir la presente e entrada. A pesar del nombre su origen no es sirio ni sus fundadores tienen nacionalidad siria, y a pesar de que afirmen servir al pueblo sirio no es para nada así.
                                                     


El fundador de esta asociación fue un consultor de política exterior británica, ex oficial del ejército británico, James le Mesurier
Lo primero que ha llamado la atención y disparado las alarmas de gran parte de los periodistas y cooperantes que actúan sobre el terreno en las zonas de Siria azotadas por la guerra ha sido la presencia de videos y fotografías de rescates e intervenciones que se comprobaron manipulados o directamente inexistentes. Por ejemplo, Abbas Yomeh publicó tres imágenes de una misma pequeña que supuestamente habría sido rescatada por miembros de los cascos blancos en tres lugares diferentes.

                                                       



La periodista Vanesa Beeley señaló que resulta sumamente extraño que los cascos blancos actúen constantemente en las regiones controladas por el ISIS o por el frente Al-Nusra (también conocido como Fatah Al Sham) y sus grupos afiliados. Beeley así mismo afirma que los cascos blancos no sólo ofrecen sus servicios médicos a los terroristas si no que han sido filmados participando en la ejecución de un civil en Alepo.
Los cascos blancos no son una organización independiente en tanto que trabajan y sirven a los intereses de los países occidentales de los que reciben apoyo económico, de hecho, su actividad se centra casi exclusivamente en una zona “no-fly” de Siria, con lo que sólo estarían beneficiando a los que buscan, al igual que las potencias occidentales que les sufragan, derrocar el gobierno legítimo de Bashar Al-Assad.
                                                   
                                                         
                                                                                                    
La realidad es que los cascos blancos no son otra cosa que una herramienta propagandística de Estados Unidos, del Reino Unido y de otros países de la OTAN para justificar una acción militar contra el gobierno sirio. En los momentos actuales cumplen la misión de deslegitimar la acción de las fuerzas aereas rusas y sirias, de modo que se frene la derrota total en la que Daesh y Fatja Al  Sham se ven avocadas.
 Esta derrota podría resultar un serio peligro para las administraciones de los Estados Unidos y de países de la OTAN si los terroristas al verse contra la pared dan a conocer documentos que pongan de manifiesto la implicación norteamericana, de la OTAN, saudí y qatarí en la creación y mantenimiento de  ISIS (Daesh en árabe) y de Al-Nusra (Bashar Al-Sham), de ahí la importancia fundamental de frenar la intervención de la aviación rusa y siria, Pues resulta imprescindible en la conquista de los últimos reductos de las fuerzas terroristas.


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