sábado, 8 de octubre de 2016

El rescate de inmigrantes ilegales en el Mediterráneo es un crimen contra Europa.


                                                                       
                                                                   

El pasado viernes los medios de comunicación informaban de que la Guardia Civil española llevó a cabo  su mayor rescate en aguas del Mediterraneo, concretamente en aguas libias, donde en el marco de la operación Tritón de Frontex (Agencia Europea para la protección de la frontera exterior) la embarcación del instituto armado  Rio Segura recogió a 1258 personas (968 hombres, 58 mujeres y 232 menores).  En total rescataron  once embarcaciones. Dado el gran número de personas rescatadas, la embarcación de la Guardia Civil hubo de pedir refuerzos puesto que el buque no tenía capacidad para transportar tan ingente cantidad de personas a bordo, acudiendo la nave Phoenix de médicos sin frontera que acudieron avisados por las autoridades italianas.


                                                           


Las favorables condiciones del mar están provocando que el flujo migratorio esté alcanzando unas proporciones insospechadas, y la única respuesta por parte de las autoridades europeas es colaborar, siquiera de modo involuntario, con las mafias que traslada en barcas hinchables o de pequeñas embarcaciones de madera a miles de inmigrantes que probablemente morirán en las aguas del Mare Nostrum.
Este hecho se nos ha vendido como un gran logro humanitario, como algo genial a todas luces destacable y digno de elogio, pero sin pararse a considerar las consecuencias que derivan del hecho.
Pero para analizar la  realidad del hecho es necesario colocarlo en su contexto, hay que tomar en consideración que en tan sólo dos días se han rescatado del mar Mediterráneo a diez mil personas que trataban de llegar a Italia (Información aportada por la Guardia Costera Italiana).  , todas estas personas rescatadas fueron trasladadas a este país, un país que se encuentra ya saturado con la llegada de  centenares de miles de “refugiados”.
No es   aceptable la estrategia  que lleva a que la esforzada y querida Guardia Civil se preste a la mascarada que las armadas y fuerzas navales de Italia y España llevan a cabo desde hace cerca de un año en aguas del Mediterráneo.
 Cierto es que los miembros de la benemérita tan sólo obedecen las órdenes de sus superiores, ordenes que  estos a su vez reciben del gobierno de la nación, el cual sigue las indicaciones (órdenes) que la  O.T.A.N. y la  Unión Europea les marca.

                                                         

Estas dos organizaciones están dirigidas y controladas por el poder sionista globalista y masónico internacional, y como España dejó de ser un país soberano e independiente hace ya  décadas no le  queda otra opción que agachar las orejas y obedecer dócilmente. Pero es hora de plantarse ante estas ordenes puesto que es la supervivencia de Europa tal y como la conocemos la que está en juego.

El poder globalista sionista al que nos hemos referido tiene entre sus objetivos acabar con la población blanca europea, ya sea sustituyéndola por individuos de raza negra o bien mediante  una mezcla que de lugar a una población mestiza. Y esto es así puesto que consideran que la raza blanca, especialmente la presente en Europa, está dotada de unas características que la hacen refractaria a la sumisión al Nuevo Orden Mundial que la élite judía pretende implantar. Es por ello que han puesto en marcha y desarrollan el plan que en los años veinte del siglo pasado ideó Richard Coudenhove-Kalergi.   
Este plan conocido como Plan Kalergi  puso en marcha el movimiento paneuropeo del cual derivó la actual Unión Europea.

                                                        


Es por ello que resulta grave que la Guardia Civil, al igual que está haciendo la Armada, recoja en aguas próximas a las costas libias a miles de inmigrantes ilegales que tratan de llegar a Europa para trasladarlas después a territorio italiano en lugar de llevarles de nuevo a la costa libia de la que partieron. Las fuerzas navales, ya sean militares o de las fuerzas de seguridad no pueden colaborar con las mafias que están inundando todo nuestro continente de  un contingente de millones de inmigrantes económicos de Oriente Medio y de los países subsaharianos, y no lo pueden hacer por varias razones:

La primera acaba con el falso humanitarismo con el que se envuelven estas actuaciones, y pone de manifiesto que estas acciones, provocan  un efecto llamada puesto que las mafias y los inmigrantes manipulados por estas no ven consideran  la realidad peligrosa del trayecto entre Libia y Europa, ya que ante cualquier problema que sufran serán recogidos por las armadas y fuerzas de seguridad de la O.T.A.N. y llevados a su destino en las costas italianas. Esto dará lugar a que sean muchos más los que inicien el peligroso viaje por el Mediterráneo, lo que dará lugar a que el número de personas que fallezcan en el intento sea mucho mayor.
En segundo lugar nos encontraremos con el hecho de que esos centenares de miles de personas que arriban a las costas europeas, especialmente a Italia en este caso, no encontrarán  esa “tierra prometida donde encontrar trabajo y una vida digna. Puesto que arriban a un país donde la población autóctona sufre serios problemas económicos y de desempleo, sufre una situación de carencia de trabajo que difícilmente puede brindar  la vida digna que esperan los inmigrantes ilegales. Esto produce en primer  lugar decepción, una decepción que se transforma en rencor hacia la población europea a la que culpabiliza de la situación y que a su vez cristalizará en odio hacia esa misma población.
Esta pobreza, rencor y odio hace de toda esa población inmigrante presa fácil de la radicalización de los musulmanes y provocará un aumento de la delincuencia y la violencia contra la población local.

                                                       


Por regla general todo lo relacionado con la inmigración  a través del Mediterráneo con destino a Europa es envuelto de una capa de humanitarismo buenista en el que se juega con la utilización de fotografías de niños pequeños en las embarcaciones de las mafias o de cadáveres  en las costas, todo con la finalidad de mover el sentimentalismo y anular cualquier reflexión crítica sobre los hechos y medidas que se mueven en torno al fenómeno.

                                                          



Los europeos  no nos podemos sentir culpables de lo que provocan las élites oscras arriba y  llevan a cabo sus marionetas. Informaciones aparecidas tanto en Estados Unidos como en Europa ponen de manifiesto que el coste de las travesías que organizan las mafias son hechas efectivas por el magnate sionista George Soros, y los  niños que hay viajan son en la mayor parte de los casos utilizados por los padres como  pasaporte y permanecer en Europa, luego hay que poner las cosas en su sitio. 

                                                         



La única solución está en crear zonas cercanas a la costa del norte de África donde poder llevar a 
las personas salvadas en el Mediterraneo para que se queden en África y asegurarles allí cierta dignidad de vida, pero nunca traerlos a Europa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario